El WhatsApp como prueba: el problema es lo que se borra antes de llegar al despacho
Pongamos un caso que a cualquier despacho laboralista le sonará. Un trabajador que está en pleno conflicto con su empresa recibe un sábado por la noche tres audios de su encargado. Le dice que el lunes no vuelva y que no firme nada de lo que le den. El domingo por la mañana los audios ya no están y en el chat solo queda el aviso de que se eliminaron. El lunes llega al despacho con el móvil en la mano y pregunta qué puede hacer.
Lo que se pueda hacer depende menos de las leyes que de lo que quede en ese teléfono. Aquí lo contamos desde el lado técnico, para abogados y también para los peritos informáticos que luego analizan el móvil.
Antes de nada, un aviso: somos ingenieros, no abogados. La estrategia y la valoración de la prueba corresponden al letrado y al juez.
Qué pide la jurisprudencia
Casi todo parte de la sentencia 300/2015 del Tribunal Supremo, de 19 de mayo, de la Sala de lo Penal. Aquel caso trataba de una conversación por Tuenti, pero lo que dijo sirve para cualquier aplicación de mensajería.
El Supremo dijo entonces que estas conversaciones hay que tomarlas con todas las cautelas, porque los archivos digitales se pueden manipular. Que si la otra parte impugna su autenticidad, la carga de la prueba pasa a quien las aporta, que tendrá que demostrar que son auténticas. Y que, en ese caso, hará falta una prueba pericial que acredite de dónde sale la conversación, quién habla en ella y que su contenido está íntegro.
Diez años después, el Supremo lo ha matizado. En la sentencia 629/2025, de 3 de julio, también de la Sala de lo Penal, dice que esa pericial no hace falta cuando otros elementos de la causa u otras pruebas no dejan dudas sobre la autenticidad. Si hay testigos, otros documentos o la propia otra parte reconoce los mensajes, puede que no haga falta perito.
En lo social la línea es parecida. El TSJ de Aragón, en un despido del que informó el CGPJ el 3 de marzo de 2025, no dio por buenos unos pantallazos porque con ellos no se probaba quién mandaba los mensajes, quién los recibía ni en qué fecha. Y apuntó cómo se podían acreditar: con testigos que hubieran participado en la conversación, con un informe pericial o con el cotejo del letrado de la Administración de Justicia.
Casi todas esas vías necesitan que la conversación siga existiendo en algún sitio. El perito analiza lo que hay en el teléfono y el letrado de la Administración de Justicia coteja lo que ve en la pantalla.
Por qué la captura se queda corta
Una captura de pantalla es una foto de lo que se veía en un momento dado, y por el camino se pierde casi todo lo que interesa.
El nombre que sale arriba del chat es el que puso el dueño del móvil al guardar el contacto, no un dato de WhatsApp, así que puede poner Papá, Jefe o lo que sea. Cada mensaje lleva su hora, pero la fecha solo aparece si la captura coge el separador del día. Si el contacto está guardado, tampoco se ve su número de teléfono. Y una imagen se puede retocar con cualquier programa sin que se note a simple vista. Por eso los tribunales miran las capturas con cautela, las presente quien las presente.
Exportar el chat desde WhatsApp tampoco lo resuelve del todo. Lo que sale es un fichero de texto que se abre y se cambia con el bloc de notas. Es más completo que una captura, pero sigue siendo una copia hecha por una de las partes.
El original es el propio teléfono con la conversación dentro, y el problema es que va cambiando.
Qué pasa con lo que se borra
WhatsApp deja que quien manda un mensaje lo quite con la opción Eliminar para todos durante un tiempo después de enviarlo. En el móvil de quien lo recibió queda un aviso de que se eliminó un mensaje y el contenido desaparece. Si tu cliente no hizo una captura antes, lo que decía ya no se puede ver.
Luego están los mensajes temporales, que se borran solos a las 24 horas, a los 7 días o a los 90 días, según como se haya configurado el chat. Y las fotos, vídeos y notas de voz de una sola visualización, que se abren una vez y desaparecen.
¿Puede un perito encontrar restos de un mensaje borrado dentro del teléfono? Unas veces sí y otras no. Depende del aparato, del tiempo que haya pasado y de lo que se haya hecho con el móvil desde entonces. Lo que está claro es que cada día que pasa juega en contra, y cambiar de móvil o restaurarlo, todavía más.
Por eso casi todo lo que se pierde se pierde pronto, entre el día en que pasan las cosas y el día en que el cliente llega al despacho.
Qué hacer el primer día con el móvil
Si eres abogado, esto es lo que le puedes decir a tu cliente en la primera llamada. Y si el problema es tuyo, también te sirve.
No cambies de móvil ni lo restaures, aunque vaya lento o te regalen uno nuevo. Mientras dure el asunto, ese teléfono es el original.
No borres el chat ni desinstales WhatsApp. Tampoco quites mensajes tuyos que te den apuro, porque un hueco en la conversación hace sospechar a cualquiera que la lea después.
Reenviar los mensajes a otro móvil para guardarlos no vale como prueba. Llegan marcados como reenviados y con la hora del reenvío, así que se pierde justo lo importante: quién los escribió y cuándo.
Haz capturas igualmente. Por sí solas no bastan, pero dejan constancia de lo que hoy se ve y mañana puede no estar. Incluye la ficha del contacto, que es donde sale su número.
Apunta a mano lo que ha pasado: qué recibiste, a qué hora, qué desapareció después y quién más lo vio. Con los días, los detalles se olvidan.
Habla con tu abogado esa misma semana. Él decidirá si hace falta un perito, un acta notarial o empezar ya a conservar la conversación.
Dónde encaja Testigo Digital
Testigo Digital es el servicio técnico que hemos creado en Ayudeo para ese momento, cuando el cliente llega al despacho y la conversación sigue viva.
Con el consentimiento por escrito del titular, se conecta al WhatsApp de su móvil y, desde ese día, guarda fuera del teléfono la conversación que se acuerde: texto, audios, fotos, documentos y también los mensajes temporales. Si la otra parte elimina un mensaje para todos, desaparece del móvil pero no del archivo, que conserva la hora a la que se envió y la hora a la que se registró el borrado. Y si el teléfono se rompe o se pierde, lo capturado sigue a salvo.
Cuando el despacho lo pide, le entregamos un expediente con la conversación ordenada, los audios transcritos (indicando con qué motor), los adjuntos originales y la huella digital SHA-256 de cada fichero. Cualquiera puede recalcular esa huella, también la otra parte o su perito, y comprobar que no se ha tocado nada. En el expediente de muestra, hecho con datos inventados, puedes ver cómo es.
Si eres perito, es material con el que puedes trabajar desde el primer día. Cada fichero llega con su huella y el dictamen sigue siendo tuyo.
Eso sí, tiene límites que conviene conocer:
- Conserva desde el día en que se activa. Lo que se borró antes no está y el servicio no lo puede recuperar. En el caso del principio, los tres audios del sábado se habrían perdido igual. Lo que la otra parte hubiera borrado a partir del lunes, no.
- De lo que se manda para ver una sola vez queda constancia del envío, de quién lo mandó y a qué hora, pero no del contenido.
- No es un dictamen. Nosotros aportamos el material técnico. El abogado decide cómo usarlo, el perito dictamina si hace falta y el juez lo valora.
Cuanto antes, mejor
Si llevas un asunto en el que la prueba está en un WhatsApp que sigue activo, no lo dejes para más adelante. Cuéntanoslo y te diremos si el servicio encaja en tu caso o si lo que necesitas es otra cosa.